Años luz. [Inuyasha&Kagome]

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Años luz. [Inuyasha&Kagome]

Mensaje  Aneiina el Lun Abr 02, 2012 7:43 pm

Summary: Porque para que ella pudiera entender lo que lo había llevado a acabar con su vida debía relatarle toda la historia, desde el principio. Rememorar aquello había sido lo más doloroso que había sentido en muchísimo tiempo... Pero había tenido que hacerlo, para expresarle a su hija por qué se iría sin decirle adiós. Así pues, plasmó todas las experiencias en un papel, confesándole las respuestas a todas las preguntas que había evitado contestarle durante años.
Pareja: InuxKag
Género: Drama/romance.

Prefacio


No fue el verla tendida en la cama, más pálida y débil que de costumbre, lo que hizo que se diera cuenta de lo que se le vendría encima pronto, sino la falta de aquél brillo en sus ojos… Aquello había sido lo que le había indicado que se acercaba el fin.


Cualquiera que la hubiese visto unos días o años antes hubiera jurado que ella se veía igual que siempre, quizás incluso muchos de aquellos que la habían acompañado desde el principio de su enfermedad y que, se supone, deberían notar la diferencia.

Él por su parte sabía que las cosas no eran "iguales que siempre", que ella no estaba, ni se veía ni se sentía igual que siempre. Con un nudo en la garganta se le acercó lentamente y se arrodilló al lado del lecho.

Al instante en que sus miradas se encontraron él pudo percibir en sus cansados y hermosos ojos cafés lo que ella con palabras no podía expresarle.

—Tú vas a vivir —le susurró con dolor, a la vez que de sus dos ojos dorados se desbordaban gotas salinas.


Ella tan solo negó con la cabeza mientras le sonreía afligida, porque hacía mucho tiempo que su esperanza había partido millones de años luz lejos de su realidad.

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Capítulo 1

Mensaje  Aneiina el Lun Abr 02, 2012 7:44 pm

Capítulo 1:

Lo que voy a comenzar a relatar no es más que una historia gastada, algo que sucedió hace muchos años y que, supongo, suficiente gente ha vivido como para que resulte muy original. Sin embargo, en este pedazo de papel quedan plasmados mis sueños, ilusiones, mis dolores, mis miedos y mis más grandes amores.

Es por eso, que sólo dos personas leerán esta carta, dos personas y tú, por supuesto. Supongo que no es necesario que te diga el por qué. Después de todo, de entre mil conocidos y toda la gente con la que entablé relación alguna, eres de las únicas personas a las que tengo que dejarles una explicación antes de partir.

Así pues, te pido que comprendas que lo que relataré es mi alma. Es decir, todo lo que quedó escrito en ella y, de una forma u otra, marcó mi corazón y mi vida.

Como si fuese poco, podrás conocerla a ella. Indirectamente, pero es una forma de saber más sobre su personalidad. A fin de cuentas, ambos sabemos que siempre lo has deseado. Perdóname por negarme a responder tus preguntas, pero era muy doloroso recordar.

Sin más que decir, te invito a seguir leyendo si estás preparada para lo que te voy a contar. Claro que, si no lo estuvieras, no te hubieses ni enterado de que este texto existe.

[Londres, Septiembre 12, 1980]

Recuerdo que era una tarde de Septiembre. Apenas tenía 16 años.

Vagaba por las calles junto a Miroku pasando el rato. Justo nos habíamos parado en un parque y, mientras yo permanecía sentado con el cuerpo recostado a un árbol y los ojos cerrados, él se encontraba alerta a cualquier palo con falda que pasara por allí.

Fue entonces cuando la vi por primera vez. A decir verdad, debo darle las gracias al pervertido domesticado…

Después de todo, si no fuera por él, jamás la hubiese conocido.

—¡Hey, Yasha, mira a esa chica! —exclamó y sus ojos azules tomaron aquel brillo libidinoso que sólo él poseía.

—¿Qué tiene de diferente a las otras mil que me señalaste? —pregunté exhalando el humo de mi cigarro.

Se calló por unos minutos. Parecía buscar una explicación.

—Tiene diferentes facciones, y… Argh, es diferente y punto —chasqueó la lengua con fastidio. Yo rodé los ojos— Además, se parece mucho a Kikyo, pensándolo bien.

—¿A Kikyo, dices? —Alcé una ceja— Hump, menos la quiero ver.

—¿Sabes? Que se parezcan físicamente no quiere decir que la personalidad sea igual —rezongó— Venga, hombre, mírala.

Hice una mueca de auténtico fastidio, mientras blandía mi cigarrillo para que se cayera la ceniza.

—Te gustará —insistió y yo rodé los ojos mientras me volteaba a verla.

Creo que mi cara de asombro no fue tan evidente como creí, puesto que Miroku no se rió. Lejos de eso, me miraba fijamente esperando una reacción.

Cuando nuestras miradas se encontraron, mi orgullo salió a flote. A fin de cuentas, seguro mi rostro estaba más rojo que el de un tomate y ese tipo no debía darse cuenta de aquello.

—Es… Pasable—mentí con arrogancia.

—Báh… Tu sabes que es muchísimo más que pasable —sonrió y cerró los ojos, en una mueca aparentemente sabia.
Giré el rostro y la miré un segundo más.

—Hump, es linda—admití con obstinación.

Áh, tenía el cabello de un color azabache, liso arriba, con las puntas rizadas. Su piel era blanca y relucía, se veía tersa. Su rostro adornado por aquellas finas facciones.

Se encontraba sentada en el césped, revisando su celular mientras reía acompañada de otra chica que acababa de llegar.

—Já, sabía que te gustaría. Ella parece ser tu tipo —presumió sonriente.

—¿Ah sí? ¿Y cuáles son las de mi tipo? —pregunté divertido.

—No sé definirlas —soltó irritado— Simplemente, las identifico con la vista. Siento un palpito. Ya sabes, el sexto sentido y esas cosas.

—El sexto sentido es cosa de chicas, Miroku —mascullé incrédulo.

—¡Claro que no! —negó— El sexto sentido no es solo de mujeres, existen casos adicionales: Los hombres sensibles, como yo, por ejemplo, que percibimos esas cosas —habló orgulloso.

Y, como por sexta vez en esa hora, rodé los ojos.

—Como tú digas.

—Hey, vamos a acercarnos —propuso esperanzado— Me gusta su amiga —añadió rápidamente, como queriendo aclarar.

Resoplé, pero cuando me encontré con su mueca seria, decidí ir.

—Vamos —acepté con cautela.

Por un segundo pensé en negarme, pero sentí una punzada de lastima. Él, ciertamente, parecía querer conocer a la castaña. Y ¿por qué negarlo? Igual yo a la azabache.

Nos fuimos acercando lentamente, era como si aquella chica tuviese tatuada en su frente la palabra Destino y fuésemos absorbidos por el mismo. Como el tiempo que nos arrastra hacia el futuro irremediablemente.

Miré a Miroku, totalmente decidido.

Ya no había vuelta atrás; jamás había estado tan acertado. Además, no puedo ni por asomo decir que me arrepiento.

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